Mi hermana es un cocodrilo
Yo no sé, mira: tengo una tendencia obsesiva de colocarles disfraces a la gente (más de los que ya poseen), incluso suelo enumerarlos, sí, un cinco por aquí un ocho por allá, los números no suelen mentir, sin embargo, las formas siempre son más divertidas; por ejemplo, conocí a alguien con cara de tiranosaurio rex, o a mi abuela materna, a la que mi padre comparaba con una tarántula, yo más bien le veo cara de aceituna (verde y con todo y el palito coctelero), también conozco a uno que parece un pajarito, y otro que es una flor recién cortada y abierta; hay una chica que hablando metafóricamente es un escorpión, y no lo digo por el veneno; vamos, eso está por demás, ya estoy acostumbrado… sus besos son de limón azucarado.
Sé que todas esas comparaciones son una tontería, pero cuando digo que mi hermana es un cocodrilo, lo digo en serio. Fue ayer por la tarde cuando me di cuenta; su primer mordida salió escondida detrás de una de sus carcajadas, yo la miré abalanzarse hacia mí con sus enormes y profundos ojos de ciruela ―y digo ciruela sólo por hacer otra comparativa de ella―. Ahora que lo pienso bien, ya sé por qué dicen eso de “lágrimas de cocodrilo” las pocas veces que la he visto llorar es por dos razones:
1. No se salió con la suya.
2. Le entró una basurita.
O al menos eso dice, yo creo que sí… Quiero aclarar antes de continuar que no es nada personal; yo la quiero mucho, aunque en verdad no me importaría, pues sé que nunca leerá esto, si con pedos lee sus recetas medicas. Espero que ustedes me entiendan, bueno, al menos los que tienen hermanos; siendo sinceros y sin ser despectivo diré que exageré al decir que es un cocodrilo, por más quizá una lagartijita, pero eso sí, con unos colmillotes…
Últimamente me la he pasado muy bien con ella (se ríe de todo), creo que es la única persona que le encuentra gracia a todo lo que digo; desde mi enojo, mis gestos y mi retorica, hasta de los sarcasmos que ocupo para chingarla; se ríe hasta de mis versos más melancólicos o de mis aventuras fallidas. Dice que la poesía es para putos, y la verdad no sé cómo le harán sus pretendientes para cortejarla ―las flores, chocolates, ositos de felpa, las cartitas de amor y los pedazos de luna, son una basura―, dice que la lírica se la pasa por los ovarios, y miren que yo sé de metáforas y no imagino algo así; yo no ceo que lo diga en serio, a veces se zambulle asomando los ojos y de vez en cuando toma el sol.
Ahora voy a detenerme, pues si se entera de esto me matará; pero por Dios, qué divertida me he dado, quizá deba seguir escribiendo este tipo de cosas y no mi típica poesía que tanto daño me hace. Siempre he dicho que las mejores palabras escritas surgen de las situaciones más inesperadas. Y yo aquí, en medio de una fiesta aburrida, concluiré dejando en paz al cocodrilo de mi hermana, para quedarme tan sólo con los números.
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