martes, 5 de octubre de 2010

Del otro lado


También puedo ser codicioso; fíjate, pero fíjate bien porque no suele pasar seguido, o al menos de este lado donde las cosas son menos tangibles, menos a sabor a café y a piloncillo. Cómo pasan los pensamientos de mano en mano, brincan y se zambullen como truchas en un estanque; me viene un pensamiento color pálido de trigo, uno que huele a tu cabello húmedo, y otra vez… con la misma altura del brinco se zambulle; ahora estoy pensando cómo decirlo, qué palabras ocupar en este momento que me atrevo, ahora que estás aquí aunque no te veo, que estás sentada junto a mí tan quieta, pero sonriendo…

Quizá ahora venga la gata con su listón de terciopelo, o esa polilla tan latosa que me emborracha con tantas vueltas que da a la bombilla. ¿Qué camisa me pondré? Sé que está de más si es roja o amarilla, a fin de cuentas aunque estás aquí no me puedes ver.

Ahora ya estás mirando cualquier esquina, te pierdes en este lado y me es difícil encontrarte; ya no cuentes el número de colillas en mi cenicero, ni mires el pulso temblorín de estas manos que te tocan aquí y tú allá ni las sientes.

¡Ya sé! Comenzaré con un beso, de esos pequeñitos que se dan en la mejilla, después quizá me atreva a verte a los ojos, y sin decir nada te diga (no en forma verbal), que te amo. No pongas esa cara, ahora resulta que no lo sabías; mira con qué altivez te subes a la mesa y me muestras la barbilla. Me da risa ver cómo te mueves de puntillas en cada coma y punto, en cada párrafo y aquí en cada latido.

Niñita de pausas y roces, de chapitas y lunares. ¿Sabías que una mirada tuya basta para volver a enfermarme de ti, que tu saludo me hace el día y se iluminan mis ojos al verte tan bonita parada en la avenida? Sí… eres de cierto modo un malestar, incluso me dueles justo ahora en la muñeca, en la palabra que hoy escribo y no imagino cómo suena, me dueles estando tú del otro lado, allí donde yo no estoy y aquí te tengo abrazando.

A veces te veo en el pasillo caminando conmigo susurrando, o en el pupitre de enfrente con tus labios apretados, pareces un pingüino con ese saquito morado.

Amor mío, qué afán el tuyo de mostrarme tu amor interregno, de acariciar mi espalda y enseguida pellizcar mi pierna. ¡Te quiero tanto! pero qué vas a saber tú que estás allí y no estás aquí para comprobarlo.

No quiero parecer interesado, pero te quiero sólo porque contigo soy mejor, porque soy más joven y menos estúpido, porque incluso la cerveza sabe mejor cuando no se mide el vaso, y no se tiene en la cabeza la responsabilidad de ir a algún lado.

No soy oportuno ni interesado, eso lo sabes bien, lo sabes allá donde yo no existo, donde me miras pasar contigo y tú no estás aquí conmigo de la mano.

Ahora me estás doliendo en la pupila, y otro pensamiento se zambulle y se me pierde. ¿Por qué no te quedas quieta? Mira que es difícil escribir cuando te tengo aquí y tú no estás para dictarme. Bendita terquedad la mía de existir en otra parte, de ser ahora codicioso y desear mirarme justo allí del otro lado de la calle.

¡No te vayas! No me dejes contigo aquí donde yo no estoy y te sigo allí para estar sin ti, atrévete a cruzar o invítame a mí a intentarlo, mejor quédate aquí conmigo y yo siempre allá sin ti del otro lado.